Amanecía en el camping del Parque
Nacional de Skaftafell. Y para ese día teníamos arreglada una excursión que yo
tenía muchas ganas de realizar… un trekking por el glaciar Fallsjökull, una de
las lenguas del Vatnajökull, el glaciar más grande de Europa (que se dice
pronto).
Para alguien como yo, que nunca
había visto un glaciar hasta llegar a Islandia, el mero hecho de caminar sobre
un glaciar ya era un aliciente más que suficiente como para levantarse
emocionada y, como no, tratándose de mí, bastante temprano, esa mañana… Aunque
éste no era el caso de Cintia que, aunque en parte le hacía ilusión la
excursión, estaba asustada por si íbamos a poder seguir el ritmo o no.
Siempre soy yo la que planea los
viajes y contrata las excursiones y con ésta me había lanzado a la piscina y
había contratado la excursión “Glacier Slam” con
Glacier Guides que combinaba
un trekking por el glaciar Fallsjökull con la visita y paseo en un bote anfibio
por la laguna Jokulsarlon, por 95 euros/persona que, para el precio de las
excursiones (y en general de las cosas) en Islandia, me pareció muy razonable.
En su página web indicaban una dificultad de 2-3 sobre 5 y consideré que lo
podríamos llevar a cabo sin problemas… En qué hora…
Antes de la hora pactada, que
creo recordar que era a las 8:45 h, llegábamos a las oficinas que esta empresa tiene frente al
centro de visitantes de Skaftafell. Al rato comenzaron a llegar los monitores…
todos atléticos, en forma, con unos cuerpazos,… tanto, que cuando uno de ellos
se puso a escalar al tejado de la caseta (pues les había gastado una broma la
empresa de la competencia y les había subido hasta allí sus bancos)… Cintia y
yo nos miramos y tragamos saliva… aunque en fondo yo me decía: ¡mantén la
calma!, ¡no puede ser para tanto!

Tras confirmar la reserva, nos equiparon
con todo el material necesario: un par de crampones que enganchamos en un
piolet, un casco y un arnés. Conforme nos medían y ajustaban a nuestro número
de pie los crampones, la cara de Cintia era un clamor… Nos dieron también un
bocata, zumo y una especie de galleta islandesa que comeríamos en el glaciar y
cuando todos los participantes en esta aventura estuvieron listos, nos subieron
en un autobús escolar de los típicos americanos para acercarnos al glaciar.
Hicieron varias paradas por
hoteles y campings de la zona para recoger a gente… Cintia y yo les
examinábamos… Esa señora tiene pinta de tener nuestro nivel físico. Sí. No la
perdamos de vista… jejejeje. Vamos a pegarnos a su culo…
Lamentablemente, cuando llegamos
al parking desde el que comenzaba la excursión nos dividieron por grupos de no
más de 8 personas y a cada uno se le asignó un guía. Nooooooo…. La señora va en
otro grupo. ¡Claro! En el nivel sencillo. Definitivamente somos las que peor
forma física tenemos de todo nuestro grupo…
¡Va! ¡Cintia! ¡Madura! Seguro que
se nos da bien y es una experiencia muy chula…
Nuestros primeros pasos en el
glaciar Fallsjökull:
Después de dejar una distancia de
seguridad frente a otro grupo que había salido en primer lugar, comenzó la
aventura. Tras unos 20 minutos de caminata en llano, en los que fuimos atravesando
una zona arenosa y de mezcla hielo-arena llamada hielo muerto, que al parecer
son fragmentos que antiguamente pertenecían al glaciar pero que, dado el
retroceso del mismo, han quedado desconectados y ya no tienen movimiento por lo
que generalmente se funden y desintegran en el lugar (es conveniente no
pisarlos pues pueden ser inestables), llegamos a la base del glaciar. Nuestro
guía, Jacob, nos explicó cómo ponernos los crampones y empezamos la andadura
por el hielo.
Era una sensación extraña comenzar
a andar con crampones, pero no era difícil. Sentías cómo te ibas clavando en el
hielo permitiéndote avanzar sin resbalones. Jacob, nos fue comentando algunos
tips de seguridad a tener en cuenta (como por ejemplo, que si se nos caía
alguna cámara la dejáramos correr y no nos lanzáramos detrás de ella, ya que
eso era bastante más peligroso; ya volveríamos a por ella) aunque,
afortunadamente, no nos ocurrió nada a nadie del grupo.
Poco a poco íbamos ascendiendo
por el glaciar. El primer tramo no era difícil e íbamos realizando paradas cada
cierto tiempo para que Jacob nos explicara alguna de las cosas que íbamos
viendo. Y ya, muy cerquita de la base del glaciar comenzaron a aparecer grietas
y pozas en el hielo: los “moulins” o “molinos glaciares”.
Pero ¿Qué es un “moulin” de un
glaciar o “molino glaciar”?
Pues no son más que cuevas y
pozos generados en el hielo glaciar, análogas a las cavidades kársticas de los
terrenos calizos pero que, a diferencia de éstas que se forman por la disolución del carbonato cálcico, en el
hielo glaciar se generan por fusión friccional, es decir, por la fusión del
hielo provocada por el calor que genera el agua al circular por el mismo, que
va creando cavidades y haciendo éstas cada vez más grandes…
|
Jacob nos comentó que el paisaje
de un glaciar cambia mucho a lo largo de los meses, va avanzando, se van
creando nuevas cavidades, grietas, fisuras, etc. Y es que los glaciares están
en constante movimiento (básicamente debido a la fuerza de la gravedad),
buscando un equilibrio entre el espesor del hielo y la inclinación de su fondo.
Así, en función de las condiciones de contorno que tenga en cada lugar, esta gran
masa de hielo va variando su velocidad y se va adaptando. Sin embargo en
ocasiones no le es posible o no le da tiempo a adaptarse a esas variaciones y se
producen desgarramientos en su superficie que provocan la aparición de diferentes
tipos de grietas o fisuras (que responden a cambios en esas condiciones de
contorno, como pueden ser obstáculos en la base del glaciar, estrechamientos
del cauce, cambios de temperatura etc.).

Nosotras tuvimos ocasión de
entrar en alguna de esas cavidades y observar otras desde su cima… y son
impresionantes. Es inevitable pensar que si te caes ahí, no lo cuentas.
En una zona del glaciar nos
encontramos con unas piedras cubiertas de musgo. Al parecer, éstas llegaron
allí en alguna erupción volcánica pasada y la combinación de agua-sol, durante
años, hizo aparecer sobre su superficie ese musgo; eso sí, a base de tiempo y
paciencia (nos comentó que para el caso de unas piedras pequeñitas de 4-5 cm2 llegan
a cubrirse de musgo por completo en 15 años o incluso más).
Trekking en el Fallsjökull. El
gran repecho:
Hasta el momento todo había ido
sobre ruedas. Habíamos ido caminando y haciendo pequeñas paradas en las que
íbamos descubriendo curiosidades de los glaciares, pero aún quedada bastante
por subir y en este tramo comenzaba lo duro…
Jacob puso la directa y empezó a
andar. Las paradas que hasta ese momento eran periódicas, dejaron de serlo y
Cintia y yo comenzamos a quedarnos descolgadas (estaba claro que éramos el
eslabón débil del grupo). Para colmo de males, se nos puso a llover. La cara de
mi compañera de viaje comenzó a cambiar, maldecía el momento en el que contraté
esa excursión sin hacerle consulta alguna y por un momento llegué a pensar que
acabaría con mi vida allí mismo clavándome el piolet en la cabeza… pero poquito
a poco llegamos a la cima. De hecho, luego nos dimos cuenta de que alguna de
nuestras compañeras de grupo también estaban en las últimas… Mal de muchos…
Eso sí, el esfuerzo había
merecido la pena. Estábamos rodeadas de las grandes agujas de hielo y pináculos
que conformaban el glaciar Fallsjökull. Las vistas eran espectaculares. Te
sentías diminuto ante tanta grandiosidad y eso que esta lengua del Vatnajökul no
es de las más grandes…
Allí, en mitad de semejante
paisaje, hicimos una parada para reponer fuerzas y comernos el bocata y zumo
que nos habían dado al principio de la mañana. ¡Menos mal! Porque yo creo que si no me llego a tomar el
zumo me hubiera dado la pájara y no hubiera sido capaz de terminar la
excursión…
Al poco (tras unos 10 minutos de
parada) continuamos nuestro camino. Ascendimos un poquito más para tener otra
perspectiva de esa zona y emprendimos el regreso.
Bajando el glaciar Fallsjökull:
El camino de bajada era
igualmente espectacular. A nuestra espalda, dejábamos esos enormes pináculos de
hielo entre los que habíamos estado minutos antes, obteniendo unas panorámicas
que dejaban sin habla y, hacia delante, íbamos esquivando enormes y
espectaculares fisuras en el hielo.
Con el cuerpo más relajado, pues ya
íbamos cuesta abajo, disfrutamos de las distintas perspectivas que a nuestra
espalda íbamos teniendo del glaciar que habíamos ascendido.
Parábamos por aquí y por allá
para hacer fotos y grabar en vídeo… Nuestras caras, más relajadas. Cada vez
quedaba menos por recorrer… y casi sin darnos cuenta, estábamos de nuevo a los
pies del glaciar. Nos quitamos los crampones y con ellos en la mano recorrimos
el camino de vuelta hasta el aparcamiento del glaciar donde debíamos tomar de
nuevo el autobús.
Estábamos hechas un cirio.
Habíamos sudado bastante, nos había hecho sol, nos había llovido, yo tenía los
pies hechos polvo, notaba que ya me habían salido varias ampollas (cuya marca
he conservado en mis pies hasta hace bien poquito)… y aún quedaba mucho día por
delante.
Eso sí, para mí fue una
experiencia única y 100% recomendable. A ver si Cintia se anima a dejar su
opinión, porque aunque en ese momento, por el esfuerzo físico realizado y el
mosqueo que llevaba conmigo, no fue buena, creo que con el paso del tiempo ha
ido borrando lo malo y se ha quedado con lo positivo de la experiencia.
Continuamos la ruta. Visita de
Jökulsárlón y Fjarsárlón
Pero nuestra ruta continuaba. Jacob
nos dejó para hacer de nuevo la ruta con otro grupo. (¡Señor! ¡Qué resistencia
tiene este hombre!) Nosotras por nuestra parte montamos de nuevo en el autobús
y un nuevo guía nos acercó hasta la famosa laguna glaciar Jökulsárlón.
Nos sacó
los tickets del barco anfibio y en menos de 5 minutos (en los que apenas nos dio tiempo de ir al baño) nos tuvimos que
montar rápidamente en él.
La laguna Jökulsárlón se formó
hace unos 75 años, cuando retrocedió el glaciar Breiðamerkurjökull, otra de las
lenguas de Vatnajökull, que hasta ese momento llegaba hasta la ring road. Es un
gran lago, repleto de icebergs que provienen de las fracturas de hielo del citado
glaciar.
Nos subimos en el barco anfibio y
realizamos el paseo de media hora por la laguna. Tras circular por tierra un
par de minutos y bordear una pequeña montaña en la orilla del lago, el barco
llegó al agua y se sumergió en ella.
Mientras que la barca recorría la
laguna e iba pasando entre enormes icebergs, un guía nos iba contando cómo se
formó ésta, el por qué de los icebergs y de sus distintos colores y
curiosidades diversas. Había bastante niebla y, aunque podíamos divisar los
icebergs, el frente del glaciar ni se intuía…
A mitad de trayecto le pasaron un
trozo de hielo de la laguna desde una zodiac y mientras nos comentaba la
antigüedad de estos grandes bloques de hielo de la laguna nos dio la
oportunidad de probarlo alegando que posiblemente ese pequeño trozo de hielo
fuera lo más antiguo que hayamos o vayamos a comer jamás.
El tiempo terminó de torcerse a
mitad de paseo, empezó a llover bastante más fuerte y tuvimos que guardar las
cámaras pues iban a acabar empapadas. Pero esto nos permitió tener la vista
centrada en el lago y yo llegué a distinguir una foca en su interior. ¡Lo que
me gustan esos animales! Imaginaos la ilusión que me hizo… Me puse a gritar
como una loca: a seal! a seal!
Ya de vuelta decidimos pasar por
la tienda para resguardarnos de la lluvia y entrar en calor tomándonos un café
calentito, pues no habíamos oído que la gente de Glacier Guides nos iba a
comprar un chocolate y un pastel… que después nos tomamos en el autobús ya de
vuelta.
Cuando ya pensábamos que la excursión
se había acabado y nos llevaban de vuelta al punto de partida, nos
sorprendieron con una parada extra en Fjarsárlón, otro lago glacial con icebergs
provenientes del glaciar Fjarjökull. Había leído que este lago era incluso más
bonito que el Jökulsárlón, ya que por su menor tamaño se ve el frente del
glaciar del que se desprenden los trozos de hielo y en días de buen clima
llegan a oirse sus crujidos. Lamentablemente el tiempo no nos estaba
acompañando y de crujidos nada de nada. Eso sí, las vistas, pese a la lluvia,
sí que eran bonitas.
Y ésta sí que fue la última
parada del día. Nos acercaron de nuevo al centro de visitantes de Skaftafell
donde dimos por finalizada la visita. A mí fue una de las excursiones que más
me gustaron de todas las que hicimos en el viaje, aunque imagino que esto en
otros glaciares como el Perito Moreno de Argentina tiene que ser espectacular…
o quizás sea justo lo contrario y al ser más pequeñito este glaciar tenga más
encanto… espero en un futuro poder hacer yo misma la comparación.
Pensando en ello ahora,
retrospectivamente, creo que hubiera optado por hacer por la mañana el trekking
en glaciar con ellos, pero la visita a las lagunas las hubiera hecho por mi
cuenta. Quizás hubiera contratado el paseo en lancha motora por la laguna…
aunque con el tiempo que nos hizo puede que ni eso.
Al llegar al camping, decidimos
darnos una ducha (que, en ese camping, había que pagar aparte) y hacer ronda
por los albergues y hoteles de la zona a ver si encontrábamos alguna habitación
disponible, pues después del día que nos habíamos echado a la espalda
necesitábamos descansar en una cama y algo guarecidas de la incesante lluvia…
Yo no tenía mucha esperanza de
encontrar una habitación, pues había leído que suelen estar completas en esa
época del año, pero finalmente en Litla-Hof II encontramos una habitación libre
con una cama de cuerpo y medio con la que nos quedamos sin dudar, a razón de
unos 100 euros.
Con el alojamiento ya cerrado, después
del duro día que llevábamos andado, decidimos pegarnos un homenaje e ir a cenar
a un hotel que habíamos pasado cuyo restaurante tenía buena pinta, pero cuando
entramos a preguntar nos dijeron que sólo atendían a gente que estuviera
alojada allí… Finalmente vimos que la única gasolinera de la zona donde paramos
a repostar, tenía un bar/restaurante que hacía hamburguesas bastante económicas
y la verdad es que cenamos de maravilla allí.
Así, regresamos a nuestro
alojamiento a descansar del intenso día de habíamos vivido. Soñamos con
glaciares, lagos e icebergs.
Nota: Según leí en el blog de
David y Neus, hay otra empresa que realiza trekkings en glaciares en la zona:
Icelandic Mountain Guides. Al parecer lo hacen en el glaciar Svínafellsjökull que
tiene mayor tamaño que el Fallsjökull. No sé cuál será mejor, pero desde luego,
yo quedé muy contenta con la excursión realizada con Glacier Guides y su trato
y desde aquí los recomiendo.