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16 de abril de 2014

Visita de la Cueva de Hielo de Eisriesenwelt


A tan sólo 40 km de Salzburgo, cerca de la cumbre del hermoso macizo montañoso de Tennengebirge, situado en la ciudad de Werfen, se halla la mayor cueva de hielo accesible al público del mundo.

¿Una cueva de hielo? Sí, sí, estás leyendo bien. Al parecer, sobre una cueva natural, las bajas temperaturas hacen que las corrientes de aire que circulan por la misma moldeen  el agua y hielo que recubre la gruta y, no sólo eso, sino que a medida que pasa el tiempo, el hielo se derrite y va modificando su apariencia y las formaciones existentes, por lo que estas cuevas son siempre un misterio en constante cambio, cosa que las hace aún más atractivas.

Eisriesenwelt, Werfen, SalzburgerlandEisriesenwelt, Werfen, Salzburgerland

De hecho, no son pocos los turistas que cada año acuden a conocerlas y se cuentan por más de 200.000 los que cada año se quedan prendados del maravilloso interior de estas cuevas austríacas.

No fue hasta 1879 cuando Anton von Posselt-Czorich, un explorador de Salzburgo, las descubrió y, a día de hoy, se conoce la existencia de un sistema de 42 km de galerías (aunque no toda la cueva está llena de hielo) de los que únicamente el primero de ellos es visitable y, sólo, durante la época estival. 

Eisriesenwelt, Werfen, Salzburgerland ¿Quieres conocer la mayor cueva de hielo del mundo? Fechas de apertura y horarios 

Las cuevas están abiertas al público del 1 de Mayo al 26 de Octubre, desde las 9:00 h a las 15.30 h. Además, es aconsejable madrugar y estar allí muy temprano para coger el primer turno del teleférico, pues a media mañana hay bastante cola para acceder a la cueva. 


¿Cómo llegar a Eisriesenwelt? y ¿cuánto dura la visita? 

Aunque desde Werfen está bastante bien indicada la subida a las cuevas, éstas tienen siguientes coordenadas GPS: 47.498333 - 13.1941666

La visita en sí de las cuevas dura 1 h – 1,5 h, pero hay que contar con la subida y bajada del macizo montañoso por lo que mínimo os llevará entre 3 y 4 horas. 

Nuestra experiencia: 

A eso de las 8:15 h nosotras ya estábamos dejando el coche en el último de los parkings que existen allí, el más alto de todos ellos (situado al lado de la caseta de venta de tickets). A esas horas no había un alma, ¡vamos! Creo recordar que sólo había un coche más allí aparcado y debía ser de la chica que vendía las entradas (pero no os confiéis con el tiempo que cuando bajamos había coches aparcados hasta en la carretera de acceso y otra chica iba indicando si quedaban sitios libres y dónde dejarlos de lo concurrido que estaba aquello).

Me acerqué a sacar las tickets. Sin lugar a dudas,¡con teleférico! (porque existe la posibilidad de realizar el ascenso totalmente a pie, sumándole hora y media más de caminata a la ruta), pero ya bastante sufrimiento iba yo a tener como para encima querer realizar la subida a pie. Éste costaba 20 €/persona.

Y empezamos la subida… Unos 30 minutos por una carretera de montaña con unas bonitas vistas hacia el valle y la fortaleza Hohenwerfen que nosotras visitaríamos por la tarde. La lluvia iba y venía. Y cuando vimos un desvío por un túnel ni lo pensamos, camino corto sí o sí.

Hohenwerfen desde Eisriesenwelt, Werfen, SalzburgerlandAscensión a Eisriesenwelt, Werfen, Salzburgerland

Al poco llegamos a una caseta (con un pequeño bar y tienda de souvenirs) desde la que  coger el teleférico. Tuvimos que esperar un poco y vinieron un par de grupos que se unieron a nuestra espera, tres amigos vascos y una familia formada por 2 señores “mayores” y su hijo. Así, todos juntos subimos al teleférico, en el primer turno.
 
Aunque yo me quería hacer la valiente, para que Cintia no se me acojonara, no tenía muy claro cómo iba a llevar yo la subida en teleférico dado mi miedo a las alturas, pero sin apenas mirar por la ventana, aguanté como una campeona (sin desmayarme) los escasos 3 minutos que dura el ascenso (se puede decir que pasaron volando).

Al “aterrizar” llegamos a un segundo centro de visitantes que contaba con un restaurante, pero donde lo mejor eran las fascinantes vistas que había, los paisajes dejaban sin habla: el impresionante valle, los cortados de la montaña que estábamos ascendiendo, las cumbres nevadas, las nubes que minutos antes nos lanzaban agua, ahora quedaban debajo de nosotras…

Ascensión a Eisriesenwelt, Werfen, SalzburgerlandAscensión a Eisriesenwelt, Werfen, Salzburgerland

Pero no nos podíamos demorar mucho, aún quedaba otra media hora de ascenso. Eso si, desde allí ya podíamos localizar nuestra meta, la entrada a la cueva. Y, aunque la subida resultaba bastante durilla, con todas las paradas que íbamos haciendo para grabar, hacer fotos, etc. se hizo más o menos llevadera.

Por supuesto, los dos grupos con los que habíamos subido en el teleférico habían llegado a la cumbre unos cuantos minutos antes que nosotras así que, nada más llegar a la entrada de la cueva, casi sin pasar por la casilla de salida, nos cogió el que sería nuestro guía por banda y nos preparó para la visita. Nos dio unos candiles (vienen a dar uno cada dos personas) ya que, junto con una las barras de fósforo que él utilizaría para iluminar determinadas formaciones, esa sería la única luz que tendríamos dentro de la cueva y nos explicaron que estaba totalmente prohibido hacer fotos en el interior y ¡¡pa’dentro!!

Llegamos a Eisriesenwelt, Werfen, SalzburgerlandLlegamos a Eisriesenwelt, Werfen, Salzburgerland

Yo había leído que dentro de las cuevas (de hielo) hace bastante frío y que había que ir abrigado (pues las temperaturas en el interior son generalmente inferiores a cero, de ahí el hielo…), así que me pertreché con braga en el cuello, forro polar, chaqueta de nieve, etc. ¡Ay! Pero conforme subía escalones… ¡no veas que calor! Yo iba hasta sudando... Braga fuera, chaqueta fuera y a seguir… Aunque sí que recomendaría llevar guantes, porque la barandilla estaba bastante fría.

Pero volvamos al tema, empezaba nuestra visita. ¡Terror! Había que subir un total de 700 escalones, discurrir por un pequeño camino de madera y luego volver a bajar otro tanto número de escalones.

Y empezamos fuerte… ¡300 escalones del tirón! Yo que empecé la visita detrás del guía, para no variar, acabé la última de la fila… Hasta la abuelilla de la familia me adelantó. Y encima, sólo con la luz de un candil, como para quedarte descolgada!! A los 300 escalones, nuestro guía apenas dijo unas palabras y continuó a por los otros 300 también del tirón!!

Menos mal que en la parte de arriba comenzaba lo chulo y, cuando ya me iba a dar la pájara, comenzó a hacer paradillas. El guía de repente desaparecía y aparecía entre las formaciones de hielo que, con una barra de fósforo, iluminaba para mostrárnoslas.

Eisriesenwelt, Werfen, SalzburgerlandEisriesenwelt, Werfen, Salzburgerland

Sin duda, la parte superior merece la pena, pero has de ir mentalizado al sufrimiento que conlleva la subida (sobre todo si tu estado de forma es tan lamentable como el mío). Recuerdo que me gustó especialmente un tramo de escaleras (ya de bajada) que discurría por completo en un túnel de hielo.

Eisriesenwelt, Werfen, Salzburgerland

Desde allí ya sólo quedaba bajar. Otros 700 escalones y ya estábamos abajo. Devolvimos el candil y todos fuera de la cueva. Ya comenzaba a llegar gente y los grupos con los que nos cruzamos de subida se veían mucho más numerosos.

Tocaba entonces hacer un primer tramo de bajada a pie, viendo cómo la gente subía, pero además gente bastante mayor… como siempre en mucho mejor estado de forma que nosotras. Subida al teleférico (esta vez de bajada) y de nuevo, los 20 minutos de rigor andando, hasta nuestro coche. Habíamos superado con éxito la escalada. Eso si, las agujetas que me salieron el día después me acompañaron durante todo el viaje (y juro que en la vida había tenido unas agujetas tan dolorosas como éstas)… 

Eisriesenwelt, Werfen, Salzburgerland

Pusimos entonces.....rumbo a Hohenwerfen.... pero eso mejor os lo cuento en otro post. 

Algunos consejos para visitar Eisriesenwelt 

  • Es mejor hacer la visita a primera hora de la mañana para evitar aglomeraciones. Nosotras estábamos en las taquillas a las 8:30 y a eso de las 11:30 ya habíamos terminado la visita (justo cuando empezaba a llegar bastante gente)
  • Dentro de la cueva se suben y se bajan en total 1400 escalones. Piensa a ver si los puedes aguantar o no
  • Dentro de la cueva no se permite hacer fotos ni vídeo. Nosotras ni siquiera subimos la cámara (que tampoco era cuestión de cargarnos con peso innecesario...)

10 de abril de 2014

Visita de la Abadía de Ettal en Baviera


Después de dormir prácticamente al lado del monasterio de Ettal estaba claro que nuestra primera visita del día iba a ser allí.

Poco había leído yo de la abadía de Ettal salvo que fue construida entre 1330 y 1370 y que, hoy en día, era el hogar de unos 50 monjes benedictinos. Al parecer actualmente se mantiene por el trabajo de estos monjes que elaboran y comercializan su propia cerveza (tras más de 400 años de historia), preparan un famoso licor (que lleva hasta 40 hierbas aromáticas), gestionan varias explotaciones agrarias, un instituto con internado (sobre el que recae la sombra de pasados abusos a menores y que me hicieron dudar acerca de si ir o no ir si quiera a visitar el monasterio), una escuela secundaria benedictina e incluso una editorial.

Al final, pudieron las ganas y fue nuestra primera visita de la jornada. Llegamos en coche y, a esas tempranas horas (creo que eran las 8:30 h), no tuvimos ningún problema en dejarlo en una de las plazas de aparcamiento que hay frente a la entrada principal. De nuevo, tal y como nos pasó en Wieskirche, se trataba de un espacio de tipo “zona azul” y nos tocó dejar un ticket en el salpicadero del coche por un valor mínimo, creo recordar que, de 2 euros, por apenas media hora de estancia.

Abadía Ettal, Baviera, Alemania

Nuestra entrada en el claustro principal del monasterio fue algo tímida. No había un alma por allí y pocas de las tiendas de los alrededores estaban abiertas. Poco a poco fuimos atravesando los jardines del patio interior hasta plantarnos en la entrada a la Basílica, la verdadera joya de la zona. Y es que, con una impresionante decoración de estuco, unos preciosos frescos que representan el cielo benedictino con sus Santos bajo la figura de Santísima Trinidad y una cúpula de 59 m de altura, su valor artístico es innegable.

La entrada es gratuita y he de decir que a para mí fue una de las grandes sorpresas del viaje (y eso que pocos días antes aún no sabíamos si visitarlo o no).

Abadía Ettal, Baviera, Alemania

Indagando a posteriori he visto que esta abadía benedictina fue construida en 1330 por el Emperador Ludovico el Bávaro, dicen que como agradecimiento por su regreso de una pieza de Roma aunque, se ve que en el fondo, el Rey buscaba más el desarrollo social y económico de la zona, que mostrar su gratitud con esos tintes religiosos.

Casi cuatro siglos después, en 1744, un gran incendio provocó su casi completa destrucción siendo rediseñada completamente por Enrico Zucalli (arquitecto de la corte) y Josef Schmutzer de Wessobrunnn y decorada por Johann Baptist Zimmermann y Johann Georg Üblherr. Lo cierto es que hicieron muy buen trabajo y la iglesia, sobre todo, la cúpula, resulta impresionante.

Abadía Ettal, Baviera, Alemania

Otra de las cosas que se puede hacer allí, si vas con tiempo, es visitar la fábrica de cerveza de los monjes que, tras 400 años de historia, debe tener su aquel. Nosotras, como ya íbamos a hacer un tour relativo a la cerveza en Salzburgo preferimos no perder más tiempo allí; pero, por si estáis interesados, se pueden hacer excursiones con guía por la destilería los martes y jueves a las 13:30 h (siempre que haya más de 10 personas). Aunque, si no estáis en esas fechas / horas concretas y os interesa la visita podéis probar suerte y contactar con ellos vía e-mail (brauerei@kloster-ettal.de) a ver si hacen alguna visita fuera de horario.

Como veis se trata de una visita bastante corta y que, a mí (personalmente) me gustó bastante. Nosotras, tras visitar la iglesia, cogimos el coche y partimos de nuevo para dirigirnos hacia nuestra siguiente parada: el Palacio de Linderhof, pero eso será objeto de una nueva entrada.

1 de abril de 2014

Descubriendo la Cerveza de Salzburgo


Cuando decimos escaparnos un par de días a Austria en nuestro viaje del año pasado a Baviera y Salzburgerland, no éramos conscientes de lo importante que llega a ser la cerveza en el país y hasta llegar allí, a Salzburgo, cuando hicimos un tour centrado en dicha bebida espirituosa, no supimos que éste es uno de los países que más cerveza consume del mundo (en concreto, el segundo, tras la República Checa)… Un paraíso para mi querida compañera de viaje (@MundoMiope), aunque ¿para qué negarlo? Yo tampoco le hago ascos… ;-)

Y es que en una ciudad con más de 600 años de historia cervecera no hay nada mejor que dejarse embaucar por ella y descubrir todo lo que tiene que ofrecer.

Así pues, temprano por la mañana vino a recogernos al hotel en el que nos hospedábamos, nuestra guía, Martina Gyuroka, que nos llevó en una ruta de alrededor de tres horas, entre las barrocas calles de Salzburgo plagadas de edificios históricos y monumentos a conocer la otra cara de la ciudad: sus cervezas y… ¿cuál fue el primer sitio que visitamos? Pues ¡¡un cementerio!! (estaba claro, ¿no?): el cementerio de San Sebastián.

Cementerio San Sebastián, Salzburgo
Y diréis ¿qué tiene que ver un cementerio con la temática de nuestro tour…? A priori poco, pero Martina nos llevó a descubrir alguna tumba interesante… Aparte de las de la familia Mozart (de las que os hablaré cuando escriba acerca de la ciudad) nos acercamos a ver la tumba de los Schlammsche, una familia noble que fue una de las pioneras en la fabricación de cerveza en la ciudad, o la de  Teofrasto von Hohenheim “Paracelsus” el médico, alquimista y filósofo del siglo XV que en el fondo se convirtió en uno de los fundadores de la industria de la cerveza de Salzburgo.

Salimos del cementerio para adentrarnos por las calles de la ciudad y hacer una primera parada en Alchimiste Belge, un moderno bar que abre sus puertas a partir de las 18:00 h (hasta las 2 de la madrugada) en el que sirven una amplia variedad de cervezas, con especial predilección por las belgas.

Un poquito más adelante descubrimos el lugar en el que se ubicó la primera cervecería comercial de la ciudad (en 1374) y cuya cerveza fue elaborada originalmente sólo por mujeres, aunque hoy en día se trata de un bloque de viviendas.

En nuestro caminar alternábamos la visita a lugares turísticos como los Jardines de Mirabell, la casa Nacimiento de Dopler o la famosa Calle de los Cereales, con otros menos conocidos como el Wein Bar Restaurant, un restaurante con una decoración muy cuidada y pintoresca, un lugar con encanto perfecto para hacer una comida/cena romántica.

Cerveza en Zipfer Brau, Salzburgo
Pero… a lo que íbamos: ¡la cerveza! Al poco llegaba la hora de realizar la primera degustación que venía incluida en el tour. Zipfer Brau fue el lugar al que nos llevó Martina para probar nuestra primera cerveza en la ciudad. La cervecería se ubica en una casa con solera, la “casa Steinhauser”, un edificio construido en el año 1300 en el que vivió un famoso historiador de Salzburgo, Hofadvokat Jude Thaddeus Zauner, la hermana de Wolfgang Amadeus Mozart, “Nannerl”, y donde nació en 1902 el musicólogo Erich Schenk. En el año 1977 pasó a manos de Reinhold Schwarz que fundó un restaurante / taberna clásica, que ahora está siendo regentada con mucho gusto por la segunda generación de la familia.

Tras una buena cerveza de litro y un pretzel (por barba), algo más calientes (jejeje), continuamos con nuestra ruta. La casa de nacimiento de Mozart, el ayuntamiento, la casa más estrecha de la ciudad, o la famosa fábrica de bombones First fueron otros lugares por los que pasamos antes de finalizar nuestra visita en otra cervecería de renombre de la ciudad: la Kaiser Karl.

Y es que la historia de la cerveza se remonta a unos 1.200 años atrás, a la época del emperador Carlomagno y, de las muchas historias que se han creado entorno a su figura, hay una que se originó en Salzburgo, la leyenda de la "Kaiser Karl en Unterberg". Ésta cuenta que el emperador no habría muerto, sino que duerme profundamente en el interior de la montaña “Unterberg” y que así lo hará hasta que los cuervos dejen de volar sobre su cumbre. Cuentan que el emperador se despierta cada cien años, para comprobar que los cuervos siguen volando alrededor de ésta, y después vuelve a dormir tranquilo otro siglo más. Se dice que durante su sueño su barba va creciendo alrededor de una mesa redonda y, al final de la tercera vuelta, se sucederá el fin del mundo (de momento, dormid tranquilos, que se ve que lleva dos vueltas)… Y precisamente de esta historieta proviene el nombre de esta cervecería / restaurante en la que Karl Reitsammer elabora su propia cerveza de trigo y que fue donde nosotras decidimos comer. 

Cerveza en Kaiser Karl, Salzburgo

Durante la ruta y en las conversaciones que mantuvimos con nuestra guía, entre cerveza y cerveza, Martina nos habló de otros muchos lugares que tanta fama han dado a la ciudad a nivel cervecero; lugares tan míticos como Stiegl (que Cintia y yo visitamos poco después), que comenzó con la elaboración de su cerveza “Salzburger Märzentyp” en 1492. No es ningún secreto que al mismísimo Mozart le encantaba pasar la tarde degustando una buena Stiegl. La Cervecería Stiegl es, además, la mayor cervecería privada de Austria y en sus instalaciones (en el museo Stiegl-Brauwelt) se puede asistir al proceso de elaboración de cerveza en directo e incluso degustar los hasta 10 tipos de cerveza que preparan en una recién restaurada sala de fermentación que data del año 1863.

Stiegl, Salzburgo

Si la Stiegl es conocida, la ciudad es la cuna de muchas otras marcas populares, como Trumer Pils (conocida por su gran creatividad ya que, allí, los visitantes pueden elaborar su propia cerveza con ayuda de un maestro cervecero), la Edelweiss Weizen, la Brauhaus Gusswerk, (que con unos innovadores procesos, es la única cervecería del mundo que elabora auténtica cerveza ecológica certificada con el sello de calidad Demeter) o la Cervecería Die Weisse que fue la primera fábrica de cerveza que combinó la fabricación de la misma con la restauración en el país (y que fue precisamente donde habíamos intentado cenar nosotras la noche anterior, aunque al final no lo logramos porque estaba hasta los topes).

Pero si hay un lugar de renombre (a nivel cervecero) en la ciudad se encuentra en la colina Mönchsberg, la Augustiner Brau, una de las cervecerías más antiguas de Salzburgo. Fue fundada por monjes agustinos en 1621 y, hoy en día, la fábrica sigue produciendo su cerveza Märzenbier al estilo tradicional: vertiendo de barriles de madera a jarras de piedra de medio litro o litro.

Según Martina, Benjamin Franklin dijo una vez que “La cerveza es prueba de que Dios nos ama y quiere que seamos felices viviendo” y, viendo lo alegres que estábamos con nuestro ir y venir de jarras, no seré yo la que rebata su frase.

Vistas desde Stiegl, Salzburgo

Así que, si estáis interesados en el mundo de la cerveza y queréis hacer un tour temático por Salzburgo, podéis encontrar información detallada sobre actividades y los acontecimientos que haya en la página web “Salzburger Bierkultur” 

14 de marzo de 2014

Pueblos con encanto: Aínsa en Huesca


A algo más de una hora de Huesca en dirección norte llegamos a la capital de la Comarca del Sobrarbe, Aínsa, la que dicen que es una de las villas o pueblos más bonitos de España. Y no en vano pues, con su origen medieval, cuenta con un bonito casco antiguo datado en el siglo XII que fue declarado, en 1965, conjunto histórico-artístico.

Visitando Aínsa en Huesca

La localidad, situada en la confluencia de los ríos Cinca y Ara, domina la comarca sobre un cerro de 589 m de altitud y es la puerta de entrada a lugares tan conocidos como el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido,o la Sierra de Guara. Nosotras, gracias a Central de Reservas pudimos conocerla unos meses atrás.

Casi todo el casco antiguo de la ciudad es peatonal por lo que para realizar la visita lo más conveniente es dejar el coche en el parking gratuito que hay al lado del castillo y comenzar la ruta desde allí.

El castillo hoy en día se encuentra en estado de ruina histórica y sólo se conservan ciertos tramos de muralla y alguna de sus torres. La parte más antigua es la Torre del Homenaje (del siglo XI) que ha sido reconvertida en Museo mientras que el resto de construcción data de los siglos XVI y XVII cuando Felipe II la fortificó para defenderse de posibles amenazas francesas o del propio Aragón.

Antiguo castillo de Aínsa en Huesca

Desde allí, en lo alto de las murallas, se obtiene una estupenda vista de la plaza mayor (del siglo XII), a la que se puede acceder caminando. Llama la atención su grandeza y los numerosos soportales que hay en ella, así como observar la disparidad de tipologías de arcos. Antiguamente en esos mismos soportales se celebraban ferias o mercados, pero hoy en día es un lugar de paso de turistas y de terrazas o tiendas de souvenirs.

Plaza Mayor de Aínsa en Huesca

En uno de los extremos de la Plaza Mayor, tras el ayuntamiento, se halla la iglesia de Santa María, que en un sobrio estilo románico fue levantada a finales del siglo XI y declarada Monumento Nacional Artístico en 1931. Su interior consta de una nave y un ábside semicircular, existiendo una cripta subterránea bajo éste. De igual modo, en uno de sus laterales se halla un claustro, que construido entre los siglos XIII y XIV tiene una curiosa forma irregular. La torre de 5 alturas (puede visitarse) y fue usada como campanario, torre de vigilancia y tribuna. Al lado de la iglesia un arco del siglo XII la une con el antiguo hospital de la villa.

Iglesia de Aínsa en HuescaIglesia de Aínsa en HuescaIglesia de Aínsa en Huesca

Caminar por sus calles observando las diversas fachadas de las casas históricas de la villa, con sus cuidadas portadas (símbolo del prestigio de sus dueños), sus llamadores o sus pequeñas ventanas con las que se resguardaban del duro clima de la zona es una auténtica delicia. La calle de Santa Cruz estuvo habitada por artesanos (¡vamos!, era la zona obrera) mientras que la calle Mayor, o calle de los nobles, se convierte en un lugar de paso obligado por sus múltiples casas señoriales como la Casa Fes, la casa Arnal o la Casa Bielsa (dicen que la más bonita de la villa), con unos miradores “con estilizado parteluz” con los que pretendían realzar el aspecto de la fachada y así ostentar y remarcar el gran prestigio de sus propietarios. De hecho, ésta es una de las pocas viviendas del casco que conservan escudo de armas.

Calles de Aínsa en HuescaCalles de Aínsa en Huesca

Al final de la calle, podremos ver una de las dos puertas de acceso a la ciudad que se conservan de las originales (aunque antaño existían tres).

Puerta de entrada a Aínsa en Huesca

Visita teatralizada con las Encantarias de AínsaA mí, personalmente, me encantó la visita teatralizada que nos hicieron de la ciudad las Encantarias y que, sin lugar a dudas, os recomiendo… Nos contaron muchas anécdotas, tradiciones y nos reímos mucho con la forma tan graciosa que tenían de contarnos la historia de la ciudad.

Una de las historietas que nos contaron fue la leyenda de la Cruz del Sobrarbe. Según ésta, corría el año 724, cuando los cristianos, que habían huido del dominio musulmán y habían desistido de la reconquista de Jaca, se reorganizaban de nuevo para intentar tomar por sorpresa Ainsa. Cuenta la tradición que, la aparición sobre una carrasca de una cruz envuelta en llamas, dio las fuerzas necesarias a las tropas, dirigidas por Garci-Ximeno para recuperar la ciudad. Y aún hoy se conmemora la victoria en las fiestas bianuales de “La Morisma”, que tienen lugar cada septiembre de los años impares en la Plaza Mayor.

Así, en una llanura al norte de Aínsa, en el lugar donde se cree que se libró la batalla, podemos encontrar la denominada Cruz Cubierta, un monumento que honra la aparición de esta milagrosa de la Cruz de Sobrarbe. Tal es la importancia de esta historia en la zona que la cruz sobre la carrasca es el símbolo del Sobrarbe y aparece en uno de los cuarteles del escudo de Aragón.

Pero no sólo por su casco histórico es conocida Aínsa, sino que también es una población altamente relacionada con la naturaleza y el ocio, siendo el centro neurálgico al que acuden montañeros, geólogos, aficionados a los deportes de aventura, al BTT, esquiadores, etc. en busca del gran número de actividades que brinda la magnifica geografía de la zona.

En nuestra visita, nosotras nos acercamos a conocer la Cueva del Oso, ya que la climatología no acompañaba para hacer actividades de barranquismo, pero si sois más sedentarios también podéis descubrir la naturaleza de la zona visitando el Ecomuseo Luis Pallaruelo, una fundación que muestra la flora y fauna típica, haciendo especial hincapié en el quebrantahuesos, pero que además cuenta con un recinto dedicado a la conservación de algunas especies del Pirineo.

Aínsa, Huesca

Por último, muy ligado a la localidad, merece una mención especial “las nabatas”. Y es que, en la antigüedad, el sector de la madera era el sustento de muchas familias; los árboles de la zona se talaban y eran transportados a través del río Cinca hasta las serrerías que había a lo largo del río Ebro y en las cercanías del mar Mediterráneo. Para su traslado los maderos se ataban unos con otros formando una especie de embarcación que, en Aragón, reciben el nombre de nabatas. Con ellas también nació un oficio y así los nabateros eran los que se encargaban de talar los troncos del bosque, bajarlos por los barrancos, montar las plataformas y trasladarlas a través de los ríos. Sin uniones rígidas (pues no tenían ni tornillos ni clavos, sólo ramas flexibles) se trataba de una embarcación con una gran navegavilidad, pero a la vez muy peligrosa y se trataba de un trabajo muy duro. Tras largas jornadas de navegación a través de bravos ríos (en las que algunos nabateros perdían la vida) la vuelta a casa la tenían que hacer a pie (en varias jornadas). Se llevaban a cabo entre mayo y junio, que era cuando se producían las crecidas primaverales de los ríos por el deshielo. Hoy en día, para no olvidar esta antigua profesión y a modo de homenaje y fiesta, el penúltimo fin de semana de mayo se realiza el Descenso de Nabatas entre las localidades de Laspuña y Aínsa y, debe ser algo curioso de presenciar. 

6 de marzo de 2014

Museo Histórico de Cracovia


En el mismo centro de Cracovia, en el subsuelo de la conocida Plaza del Mercado (bajo la Lonja de los Paños) se halla un amplio museo (de casi 4.000 m2) que expone todos los conocimientos que se tienen sobre el pasado de la ciudad: el Museo Histórico de Cracovia.

Fue inaugurado el 24 de septiembre de 2010 y permitió mostrar los estudios arqueológicos que se habían realizado desde 2005 hasta 2010 en esa misma zona.

Plano del Museo Histórico de Cracovia, Polonia

Multitud de objetos de la época medieval se exponen en varias vidrieras como monedas (una de ellas del siglo XIV), adornos, vasijas de cerámica, objetos de higiene, pesas, telas, etc. y son la prueba del comercio y el intercambio que ha tenido lugar en Cracovia de forma continua desde hace cientos de años. Nos comentó nuestra guía que se importaban telas de toda Europa y cada producto tenía que estar certificado (de ahí que el edificio bajo el que se asienta el museo se denomine la Lonja de los Paños).

Vitrinas del Museo Histórico de Cracovia, PoloniaVitrinas del Museo Histórico de Cracovia, Polonia

Y es que la exposición subterránea no sólo presenta la rica historia de Cracovia, sino también las conexiones que unían la ciudad con los más importantes centros de comercio y cultura medievales europeos, así como la relación con la liga hanseática, pues los productos se transportaban a través del río hasta el mar Báltico.

En la época medieval los pagos comerciales se realizaban con materiales como el cobre (con el que se hacían monedas, de valor proporcional a su peso), la sal o el plomo. De hecho allí se muestra un trozo de plomo (que era un material precioso en aquella época) de 693 kg, una pieza única.

Museo Histórico de Cracovia, Polonia

En el museo se pueden ver fragmentos de calles que dan una idea de cómo se ejecutaban las carreteras hace unos cuantos siglos y también, a lo largo del mismo se han conservado diversos perfiles intactos de tierra, llamados “testigos” arqueológicos, que muestran cómo la rasante de la calle se ha visto elevada con el paso de los años.

Museo Histórico de Cracovia, Polonia

En la parte media del recorrido por el museo podemos llevarnos una idea de la historia en la zona antes de la fundación de la ciudad, con distintas  reconstrucciones de enterramientos del siglo XI o la recreación de un pueblo que fue arrasado e incendiado por los tártaros en 1241.

La parte final del museo muestra, en las cimentaciones originales de lo que eran las bodegas de los antiguos edificios comerciales, reconstrucciones de orfebrerías y distintos talleres, como por ejemplo una herrería (que, como curiosidad, no tenían ventanas para mantener la temperatura), zapatería, etc.

Museo Histórico de Cracovia, PoloniaMuseo Histórico de Cracovia, Polonia

La exposición se ve mejorada con diversos instrumentos o aparatos interactivos y multimedia como  pantallas táctiles y documentales. 

Horarios y precios del Museo Histórico de Cracovia 

El museo abre todos los días de 10:00 h a 20:00 h, salvo los martes que abre sólo hasta las 16:00 h (aunque ese día la entrada es gratuita).

El museo permanece cerrado el primer martes de cada mes.

El precio de una entrada normal de adulto es de 19 zł (entorno a 4,50 €), aunque ofrecen descuentos a estudiantes de hasta 26 años y pensionistas siendo el precio de 16 zł (unos 3,85 €) y también para familias (2 adultos y 2 niños de hasta 16 años, o 1 adulto y 3 niños) que pagarían en total 38 zł (unos 9,15 €) y grupos.
Niños de hasta 5 años entran de forma gratuita.

Se puede realizar la visita con un guía (por 120 zł, unos 30 €) o con audioguía.

En cualquier caso puedes ver toda la información actualizada desde su página web.

¡Hola a todos!

Mi maleta y yo estamos recorriendo mundo. En este blog voy a describir todos mis viajes. Mejor o peor he disfrutado de cada lugar que he visitado. ¿Por qué guardarlo sólo para mí?

¡Bienvenidos a "Mi maleta y yo"!