¡Nos vamos a Grecia!
Puntualmente, a las 16:15 h, tras 3 horas de vuelo aterrizábamos en Atenas.
Nuestra llegada al aeropuerto fue caótica. Teníamos que recoger el coche y allá fuimos siguiendo las indicaciones de “Car Rent”. Al llegar no veíamos la oficina de Hertz sólo coches aparcados, nos dijeron que volviéramos; volvimos, preguntamos, pero seguíamos sin dar con ella… No sé si es que estábamos algo espesas o que no nos entendíamos con la gente, pero nos costó lo nuestro encontrar la oficina que resultó estar dentro de la terminal al lado de la puerta de salida nº 4 (no sé por qué la buscábamos por fuera).
Cuando llegamos, nos dieron a elegir entre un Toyota Corolla o un Hyundai y nos decantamos por el primero, pero al solicitar un GPS nos dijeron que no tenían. Y yo pensaba, ¿cómo puede ser que una oficina de alquiler de coches de un aeropuerto internacional no tenga GPS para alquilar? ¡Así van las cosas en Grecia! Ya me veía perdida en mitad de la nada intentando descifrar los carteles escritos en el alfabeto ese extraño que tienen… Cynthia fue la que aportó cordura: que no cunda el pánico, intentaremos comprar algún mapa de carreteras…
Cogemos el coche, tiro a arrancarlo y no va… ¡Joer! ¿Puede ir algo peor? Lo intento una y otra vez, a ver si hay que poner el pie en el freno… pues no. Al final, Cynthia, que no conduce (aunque tiene el carnet), decide quitarme del volante e intentarlo ella… ¡Voilá! A la primera. ¡Anda, lerda! ¡Pisa el embrague al arrancar! Bueeeeeno… llevas razón, no sé por dónde andaba mi neurona (¿?).
Un chico le pegó una revisión al coche anotando los desperfectos que observaba, y menos mal que estuve al tanto porque había un faro con una pequeña rotura que no nos había anotado… y con todo listo comenzaba nuestro gran viaje griego.
Primera parada fallida: Elefsina (la antigua Eleusis)
Pero, ¿a dónde vamos? Yo tenía pensado ir a Vravrona, que está al lado del aeropuerto, pero sin GPS, ni mapas… casi que, no sé donde acabaríamos… En eso vemos indicaciones hacia Elefsina que era otro de los sitios que tenía en mente visitar. Ale pues, vamos para allá…Poco a poco me iba amoldando a la manera griega de conducir que, en un principio no me pareció muy diferente a la española y, siguiendo las indicaciones, en poquito tiempo estábamos en Elefsina. Allí paramos en una gasolinera y me hice con unos mapas de carreteras para ir sobre seguro en lo que restaba de viaje. Tema aparte fue hacerme entender al hombre de la gasolinera. Él ni papa de inglés y ni qué decir de español, y desde luego, yo no hablo griego… Una odisea.
Segunda parada fallida: Templo de Hera en Perachora (Heraion)
Seguimos en dirección a Corinto y cogimos el desvío a Loutraki. Cruzamos el canal de Corinto con el coche, pero decidimos parar el día siguiente, ya que nuestro hotel estaba al lado. Conforme conducíamos iba anocheciendo y me daba la sensación de que cuando llegáramos no veríamos nada, en cualquier caso había leído que este recinto estaba abierto al público y se podía entrar fuera la hora que fuera, así que continuamos en dirección a Perachora.La verdad es que las carreteras están bastante bien señalizadas y los recintos arqueológicos o históricos se encuentran señalizados con carteles marrones; en caso de no existir señal en un cruce nosotras seguíamos recto y parece que esa tónica era la correcta.
La zona costera por la que íbamos nos daba la impresión de que de día hubiera sido muy bonita, pero oscureció completamente y apenas veíamos más que algunas casitas iluminadas, tabernas y mercaditos de venta de fruta en los márgenes de la calzada.
Al llegar al templo de Hera (Ireion) había que dejar el coche arriba y bajar caminando por un sendero. Nos dio un poco de rollo adentrarnos por allí nosotras solas ya que no había un alma, así que decidimos olvidarnos del templo e ir a cenar a una de las tabernas que habíamos dejado atrás.
La taberna ΠΑΝΟΡΑΜΑ (Manopama para mí, Panorama para los griegos) fue la que abrió la veda culinaria griega y donde descubrimos que una artista griega (Eleftheria Arvanitaki) había versionado una canción de Amaral, el universo sobre mí (Kryvomai sto Adio), ¡qué gracia nos hizo oírlo!
Habíamos superado nuestra primera tarde en Grecia y al final no se nos había dado nada mal, aunque ver, vimos poquito...




